miércoles, 23 de noviembre de 2016

ALBURQUERQUE. LA HUELLA JUDÍA

Pocos sitios hay en Extremadura que tengan una evidencia tan clara de la presencia judía como Alburquerque. A pesar de ser su imponente castillo el monumento más destacado de esta villa, no es menos importante su barrio medieval, villa adentro, el callejero intramuros, con sus plazuelas, sus pozos y sus iglesias, y entre sus empedradas calles, las casas con portadas de arcos ojivales, en granito, para destacarse de la blancura de la pared, aunque hubo un tiempo en que también la piedra se blanqueaba.
Es en muchas de esas portadas donde aparecen unas señales que demuestran que dichas casas pertenecieron  a ciudadanos de religión judía, parece que con un seguimiento a su fe decididamente alto dado que estas marcas que han llegado hasta nuestros días son unas muescas horadadas en la jamba derecha de la puerta con el fin de albergar la "mezuzá", un rollo de pergamino con dos versículos de la  Torá, y que los habitantes  debían palpar con la mano a la entrada y salida del domicilio.

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